¿Por qué temerle al mestizaje?
No va a andar. Así le dijeron en el Partido a una amiga -trotskista ella- que en los años 80 osó enamorarse de un muchacho de, llamémosle, la izquierda democrática. No me sorprendió: los grupos cerrados, endogámicos tienden a mirar al otro con desconfianza. ¿Y si esa nueva mirada nos genera algo diferente?Mejor no.
Con las religiones pasa algo similar. A mí me atrae la historia de las creencias y sus lógicas, pero me rebelo ante los dogmas. Es que todos parecen excluyentes: son movimientos espirituales que -están convencidos- tienen la Verdad de su lado. Así, con mayúscula. El Dios real es su Dios y no otro y a partir de allí es difícil aceptar al distinto. Hablo, claro, de aquellos que siguen los textos sagrados a pie juntillas. Sé perfectamente -y lo celebro- que dentro de todas las religiones hay grandes corrientes ecuménicas. Importa compartir los valores y eso no tiene -no debiera tener- impedimentos.
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