Mette-Marit no es la única: otras princesas y reinas con problemas de salud
En el año 2018, a la Princesa Mette-Marit de Noruega se le diagnosticó fibrosis pulmonar crónica. En ese momento, la Casa Real informó que la enfermedad, que provoca cicatrices en los pulmones, limitaría su agenda oficial.
A finales del pasado año, la esposa … del Príncipe Haakon sufrió un empeoramiento en su estado de salud. Ante lo cual, la Casa Real del país nórdico volvió a actuar enviando un comunicado oficial en el que informaban de que los médicos estaban valorando seriamente la posibilidad de someterla a un trasplante de pulmón, ya que le causaba «dolencias diarias» y ahora parece que también le dificulta caminar.
A principios de la semana pasada, se difundieron unas imágenes en las que se podían ver a Mette Marit, de 52 años, caminando con la ayuda de un respirador de oxígeno para poder dar un paseo.
Aunque desde el primer momento, la Familia Real noruega ha querido ser completamente transparente con la enfermedad que padece su futura reina, existieron otros casos similares en la historia de miembros de la realeza con discapacidades que intentaron ocultarse, pues para muchos de ellos esto significaba un síntoma de debilidad ante el pueblo.
Históricamente, la Familia Real británica siempre ha ocultado las enfermedades que padecen sus miembros. Uno de los casos más escandalosos fue el de Nerissa y Katherine Bowes-Lyon, las primas de la Reina Isabel II que figuraban como fallecidas, a pesar de que seguían viviendo en el psiquiátrico sin contacto con ningún familiar.
Entonces, la Casa Real británica se limitó a aplicar el viejo concepto de los tiempos Victorianos: fuera de la vista y del pensamiento. ABC contaba el 7 de abril de 1987 cómo se descubrió que las familiares de Isabel se encontraban en ese estado: «La prima hermana de la Reina Isabel Katherine Bowes-Lyon ha vivido cuarenta y seis años olvidada por sus padres, recluida en un asilo del Estado para enfermos mentales. Su hermana Nerissa, paciente del mismo centro, el Real Hospital de Earlswood, en Redhill (Surrey), murió el mes de enero de 1986». La familia real se limitó a señalar que se trataba de un asunto privado de la familia Bowes-Lyon, una postura que no cambió desde que estalló la historia en los años ochenta.





