Martes Santo en Córdoba, la gracia de encontrar el camino correcto
Hay muchas formas de hacerlo bien, pero la mejor de todas es aquella en la que hay tal certeza de llevar el camino correcto que ya no se puede dejar. Si una cofradía tiene un acierto profundo, a partir de entonces, salvo que haya … un arrebato de locura o unas elecciones desdichadas, a partir de entonces se seguirá una senda en la que un hallazgo irá detrás de otro.
Del oro a las flores, de la plata a las proporciones, de un atributo a las túnicas. Pueden pasarse años de bandazos o de proyectos que se atascan, pero hay un momento en que se encuentra algo que se parece a la perfección, o por lo menos algo que tiende a ella, y a partir de ahí se se llega a un estado de gracia que hay que continuar.
Lo pensaste al final de la tarde, con la luna casi llena recortándose en la plaza de la Trinidad y prometiendo belleza, mientras el palio caminaba como si no quisiera dañar las azucenas, los espejitos, los hilos de oro. No era sólo el bordado, que también, ni la orfebrería, que todavía se está asimilando por lo innovador, sino también las flores, de una delicadeza insólita, y también el rojo de la saya.
Venías ya con los ojos abiertos de la Virgen de la Piedad, presa de otro palio entero que se había visto por vez primera andar en la tarde del Martes Santo, otro verdadero delirio de hilos de oro, y conocías todos los pasos en buen sentido que su cofradía había dado al cabo de los años.
Ahora te alegras por ellas, de corazón, porque un cofrade hace lo mejor por honrar a sus titulares y deposita el trabajo y sus frutos con el sentido de la mejor ofrenda, pero todo eso es también del pueblo que sale a la calle a disfrutarlo, que no se conforma con una vez, sino que pide por favor para verlo de nuevo, que se lo lleva en la retina.
En esta Semana Santa sin nubes ya lo has hecho unas cuantas veces, porque sabes además todo el esfuerzo y la lucha que hay detrás de cada una de las cosas que primero son un proyecto, después un estreno y al final algo consolidado que en la memoria y en la realidad siempre se aparecen como calcados en el mismo papel de cada año.





