Los padres y sus dudas
Inexpertos. Así somos los padres con el primer hijo. Y con el segundo también. Parecen -como decía nuestro pediatra- cachorritos: no hablan y uno quiere, necesita protegerlos. ¿Dónde vive el punto exacto? ¿Cómo saber si uno exagera o es necesario ir al médico?
Recuerdo que una vez nos “retaron” en una guardia por consultar por la tos del varón. “Tiene tos, es todo”, nos dijeron no sin sorna. Nos sentimos un poco avergonzados. Otra vez, en cambio, el médico se sorprendió de los broncoespasmos que no habíamos detectado antes. ¿Cómo saber la diferencia? Preguntamos, nos explicaron y nos dieron “tips”. Nuestras profesiones, vinculadas a las ciencias sociales, se complotaron para anular todo aprendizaje. Siempre desacertábamos, cuando creíamos que no había problemas, ahí estaban. Cuando suponíamos que era claro el broncoespasmo, no pasaba de un carraspeo. No quedaba otra que ir y preguntar.
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