Las dos capas de negociación que decidirán si Boca lleva o no hinchas propios a Chile
Primero, la disponibilidad, con el renovado Claro Arena como recinto estelar que la Universidad Católica ostenta con orgullo pero sin el espacio que requiere semejante partido como el que tendrá a Boca como rival en el debut del Grupo D de la Copa Libertadores. A partir de ahí, lo que se disparó inevitablemente con cuestiones de seguridad y un antecedente lamentable: el escándalo de la gresca entre hinchas de Independiente y de la U de Chile en Avellaneda, durante la última Copa Sudamericana.
Ambas cuestiones configuran, a casi una semana del encuentro, el escenario de una realidad que tiene en vilo a muchos hinchas xeneizes, quienes esperan ansiosos la chance de poder viajar a acompañar al equipo en su regreso a la máxima competencia continental después de tres años y que -a esta altura- no parecen contar con el panorama más prometedor en ese sentido.
Esa es la certeza que tienen en Boca, y por eso la intención inicial del club chileno de otorgar un sector con 450 lugares disponibles fue rechazada de inmediato, aludiendo también a lo que marca el reglamento Conmebol en cuanto a la obligatoriedad de disponer de 2000 localidades de mínima para las parcialidades visitantes, cualquiera sea el estadio que albergue un partido.
De acuerdo a lo que averiguó Olé, Conmebol será firme con respecto a la decisión post barbarie.
Según pudo saber Olé, la última oferta desde Santiago fue la de llevar a 1000 entradas la disponibilidad, algo que tampoco será aceptado en Brandsen 805, a sabiendas que la consecuencia será la de no tener que brindarles a los chilenos un sector especial para el partido revancha, que en este caso será el último de la zona, con fecha fijada para el próximo 28 de mayo.
A partir de esa referencia, desde aquel momento ya quedó instalada la sensación de que podría ser complejo que en las canchas argentinas pudieran volver en un período corto hinchas chilenos y viceversa.





