La muerte de Ali Larijani, el mayor líder del país y estratega de la guerra: un disparo preciso en los cimientos del poder iraní
La muerte de Ali Larijani, quien virtualmente estaba a cargo no solo de la guerra sino de Irán, es un golpe importante aún mayor en sus efectos relacionado con la confusa situación del nuevo líder supremo, el ayatollah Mojtaba Khameni, herido y supuestamente hospitalizado en Moscú. Estos episodios puede poner a prueba la doctrina de seguridad nacional iraní que sostiene que “no importa la cabeza sino el cuerpo”. Esa noción se refleja en una conducción militar descentralizada y que sigue un plan previamente escrito a despecho de la muerte de sus comandos o dirigentes políticos. La gran duda es quién queda a cargo para el día a día…
Larijani era un duro conservador vinculado históricamente al cuerpo de los Guardianes de la Revolución, e integró el triunvirato que se hizo cargo del país tras la muerte del ayatollah Alí Khamenei en el inicio de la guerra. Ese paso exhibió de inmediato que el país no estaba acéfalo, funcionando alineado con aquella doctrina.
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