Fabián Casas y la polenta de algunos zarpazos
Promediando Ocio, el narrador lee El juguete rabioso, lo que permite una clave para pensar el tándem que la novela compone junto a los cuentos de Los Lemmings y otros: son, los dos libros, una novela de formación en los años 90, y esa quizá sea razón suficiente para transformarlos en objeto de nostalgia y adoración, como sugiere el blurb que pone a Ocio en el lugar de novela de culto.
En los dos libros, la presencia masiva de alusiones a la cultura de masas, y el costumbrismo barrial que engarza con los tonos de la cultura popular de la época (si queremos una referencia, el rock chabón), se combinan con una imaginación que parece provenir del coming of age del cine yanqui: no en vano el primer relato abre con una traducción verbal de la escena en la que chico-conoce-chica-en-bebedero-de-escuela, copiando el paneo de la cámara lenta sobre el cuerpo del objeto de deseo. Pero esa tradición tiene un tono eufórico que Los Lemmings rechaza, desde el título que alude a esos animalitos folclóricamente suicidas hasta la misma construcción de ese museo personal en que se alojan la infancia, la adolescencia y la juventud en Boedo.
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