El vértigo de la historia
Cuesta asomarse a unos acontecimientos cuya velocidad asombra y atrapa. No solo por la mutación que día tras día impulsan la ciencia y la tecnología, sino también por el choque provocado por la geopolítica y la guerra. Hay circunstancias en que la historia se acelera. Se creía que la globalización y el multilateralismo nos introducían en una meseta de relativa calma. Error garrafal: el retorno de la pasión belicosa ha sembrado el planeta de incertidumbre al unificar como antaño, en una fórmula explosiva, la guerra con la técnica.
Nosotros estamos situados en este teatro geográficamente lejano de aquel en que truenan las armas y, a su vez, muy próximo debido al acople del liderazgo de Trump con el de Milei. Ambos han fraguado una especie de pacto feudal en el que un feudatario dispensa protección a un vasallo que, en retribución, manifiesta absoluto asentimiento. Cualquier pacto de esta naturaleza es asimétrico, de tal suerte que, quien esta abajo, depende de la capacidad y fortuna de quien está arriba. Por tanto, no es esta una alianza clásica y prolongada entre los Estados de USA y Argentina; es, al contrario, un pacto personal entre Trump y Milei.
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