Categoría: Express News
Autor: Elizabeth Winner
Lectura: 4 min read
Título: El último juego del Bazar Arribas: baja la persiana tras más de un siglo ilusionando a la Plaza Mayor de Madrid

El último juego del Bazar Arribas: baja la persiana tras más de un siglo ilusionando a la Plaza Mayor de Madrid


«Liquidación por cierre de tienda». Un cartel amarillo con letras en color negro y rojo señala el final: la histórica juguetería Bazar Arribas cierra tras 117 años vendiendo ilusiones y magia en Madrid. Hoy, al caer la noche, Conchita Rollán y Miguel Mauduit, madre … e hijo, tercera y cuarta generación al frente del negocio familiar, bajarán definitivamente la persiana de la tienda, situada en el número 16 de la Plaza Mayor. La decisión se tomó al morir en febrero Concepción Arribas, la última responsable del comercio, a los 95 años. Con este gesto cerrarán una era. «Cambio de etapa. Las cosas empiezan y terminan y lo bueno es comenzarlo bien y acabarlo mejor», sonríe tras el mostrador de madera la hija de la hasta ahora dueña.

La historia del Bazar Arribas se remonta a 1919. Un buen día de ese año, Juan Arribas Aguado, abuelo de Conchita y bisabuelo de Miguel, abrió su primera tienda en Madrid. Nada más entrar al establecimiento, a mano derecha, colgado en la pared, un reloj antiguo marca las cinco y pocos minutos. No se trata de un simple adorno: es una seña de identidad de lo que fue el negocio en sus primeros compases de existencia: una «relojería de moda». «Aunque eso era principalmente lo que se vendía, también había algún juguete», explica la nieta de Arribas, que afirma que era «un enamorado» de la materia.

El primero de los dos locales, hoy cerrado, se situaba en el número 19 de la céntrica plaza madrileña. Quince años después, Juan abrió una segunda tienda. Lo hizo a solo tres establecimientos de distancia de la que ya tenía. Durante años convivieron ambas y en ellas se vendía prácticamente lo mismo. La del 16 sería la que, a la muerte del empresario, pasaría a dirigir y regentar su hija Concepción. Ese gesto, poco habitual en la época, ha sido una de las bonitas particularidades del negocio. «Decidir hacerse propietaria y ponerse al frente no era lo mismo que ahora. Por suerte podemos dar las gracias a que mi abuelo siempre la apoyó», dice Miguel. «Mi padre fue el hombre detrás de la gran mujer que era mi madre», añade Conchita.

«Esto de aquí es una juguetería. Tiene más de cien años, pero cierra a final de este mes»: un grupo de jubiladas aprenden sobre Madrid en un paseo guiado. La que habla es la mujer que les va explicando la ciudad. «Qué pena», comentan entre ellas.

Es una tarde agradable de marzo en la capital y el chorreo de personas que entran y salen de la tienda es continuo y abultado. Mientras se suceden las visitas, decenas de muñecos de cuerda, aviones, cochecitos, juegos de mesa o bebés continúan esperando en las vitrinas y estanterías, cada vez más vacías, a que alguien se los lleve a sus casas. «Está viniendo mucha gente», explica emocionada Conchita. Aunque han sido los últimos 12 años los que ha estado dedicada completamente al negocio, a lo largo de su vida laboral ha pasado de manera frecuente por allí. Por eso conoce a los habituales, algunos de los cuales empezaron yendo de niños al local y ahora acompañan a sus hijos y nietos.

«Hay clientes que han venido de Mallorca a despedirse y comprar los últimos recuerdos. Hay relaciones ya humanas»…

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