El peor espejo
El periodo electoral que afortunadamente ha quedado atrás ha dejado patente, lamentablemente, que las cofradías no son ajenas a la polarización que vive la sociedad como consecuencia del panorama político que sufre este país. Las procesos para elegir a un hermano mayor en nada difieren … de las campañas al ocupante de San Telmo o La Moncloa. Hay quien decía contar con sondeos a pie de urna.
Cabría esperar, como deseo, que el virus de la política española sólo se había inoculado en tiempos de urnas y papeletas aunque la realidad reparte bofetones como el de Malco a Jesús en presencia de Anás. Las decisiones —y los cargos—, salvos raras y celebradas excepciones, en las corporaciones se adoptan siguiendo la doctrina del amiguismo o el compadreo, militantes de una u otra corriente del partido. Perdón, de la hermandad. Cabría albergar la esperanza de que, al menos, todo lo que se emulara de la esfera pública se quedara en las formas sin ahogarse en los fondos, pero sufriremos una tercera caída por el peso de cruz de la rutina. Ya, hasta aquellas hermandades que se habían convertido en arquetipo de proceder ante el desarrollo de grandes proyectos han caído en el cortoplacismo político, en el afán de colocarse la medalla el que gobierna.
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