"Donar sangre: el brazo está extendido, falta quien se acerque a buscarlo"
Como donante frecuente, camino por los pasillos de los hospitales y escucho siempre el mismo eco de urgencia: “Faltan donantes”. La sociedad suele ser señalada por una supuesta falta de solidaridad, pero me permito disentir. El problema no es la voluntad de la gente, sino un sistema de bancos de sangre que, en muchos casos, sigue esperando que el donante llegue por inercia en lugar de salir a su encuentro.
Es hora de cambiar el paradigma y mirar hacia modelos exitosos como el del Hospital Garrahan. La sangre no debe esperarse detrás de un escritorio; debe salir a buscarse en los clubes de barrio, en las iglesias, en las empresas y en las escuelas. El donante voluntario está ahí, dispuesto, pero necesita que el sistema le facilite el acto de dar. Una colecta externa en un entorno cotidiano transforma un trámite burocrático en un evento comunitario y esperanzador.





