Boca, Ubeda y un clásico bisagra contra Racing
Es casi el mismo escenario de 2025, como si el tiempo se hubiera congelado. Es que hace un año, el 18 de febrero, Boca había jugado el partido de ida ante Alianza Lima, por la Fase 2 de la clasificación a la Copa Libertadores y se trajo de Perú una derrota (0-1, que pudo ser peor) que condicionó severamente la revancha, que se jugó una semana después en la Bombonera, y que significó que el equipo se quedara casi sin objetivos deportivos. Hay ahí una diferencia, sí, porque este 2026 tiene a Boca clasificado a la Libertadores, pero a esta altura del almanaque este Claudio Ubeda es el Fernando Gago de aquel entonces. Hoy el Sifón, como antes Pintita, tiene el crédito agotado, la gente lo tiene señalado y los dirigentes le miden la fecha de vencimiento en cada partido.
Si Gago se fumó, en las dos noches ante Alianza Lima, el crédito que se apoyaba en su pasado como jugador y en un perfil de entrenador moderno y ofensivo, Ubeda no pudo construir ni edificar ningún consenso a su alrededor. Llegó al cargo por la muerte de Russo, sin tener pasado en el club ni una carrera como head coach que respalde su presencia en la silla más caliente del fútbol argentino. En su favor habrá que admitir que no tenía muchas balas en el cargador, pero en definitiva gastó su pólvora en chimangos. Si Alianza fue el Waterloo de Gago, el de Ubeda fue la eliminación del Clausura frente a Racing, cuando quedó expuesto por haber sacado al mejor jugador (Zeballos), que le valió la cancelación (¿definitiva?) de toda la Bombonera.
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