Dejó todo, se fue a vivir a una isla para convertirla en un paraíso y rechazó fortunas para venderla: ahora es un parque nacional
Buscaba un tesoro y con los años rechazó más de una fortuna. Cuando Brendon Grimshaw compró una isla de Seychelles por un precio módico, era un editor periodístico y no tenía afanes de inversión ni de lujo alguno. Sin embargo, después de más de cuatro décadas fue él quien dio forma a un paraíso protegido. Durante ese tiempo, también rechazó más de una oferta millonaria para desprenderse de ella, pero la isla lo sobrevivió como un parque nacional, luego de haber pasado más de medio siglo abandonada.
Hay paraísos naturales y paraísos creados por el hombre. Es el caso de la isla Moyenne, el hogar de Grimshaw, quien durante 40 años se dedicó a cuidar, restaurar y repoblar una isla abandonada. Pero la forma en la que el británico llegó a su nuevo hogar desprendiéndose de todo, al mejor estilo Robinson Crusoe, es un tanto particular. Era editor de un grupo periodístico en Tanzania, África. Un hombre importante e influyente, con contactos en las altas esferas de aquella sociedad.
Fue durante unas vacaciones en el archipiélago de Seychelles que se enamoró de Moyenne, dado que ofrecía un mundo distinto al que estaba acostumbrado: un paisaje salvaje, playas blancas y agua azul turquesa. Si el paraíso fuese real, sin dudas sería este lugar. Pagó por ella 17.000 dólares en febrero de 1962: una cifra módica, teniendo en cuenta la información que lo motivaba.
Moyenne, que desde 1917 estaba deshabitada, era escenario de historias de piratería que pasaban de boca en boca en esa región del mundo, la del océano Índico: una tradición de leyendas y cuentos que mantenían en vilo a cualquiera que los escuchara. Pero había una en particular.
Supuestamente, esta isla tenía un tesoro: un botín de joyas y oro valuado en 50 millones de dólares. Según esa leyenda, ese botín había sido escondido por piratas en este sitio, ya que hasta el siglo XIX las Seychelles estaban deshabitadas, y servían de refugio a los corsarios que asaltaban los navíos que recorrían la ruta desde India a África.
Pero el tesoro iría asomando como aquello que él haría en la isla. Grimshaw llegó vía marítima desde Kenia, dado que aún no había aeropuerto en Seychelles. Llegó con hachas, sierras, cemento, fósforos, comida enlatada, agua, libros y todo tipo de herramientas.





