El calvario de Noelia y la madre deseada
Es una historia inmensamente triste, una fuente de todas las lágrimas.
Noelia Castillo Ramos, tan joven, con toda la vida por delante si no fuera por el horror que le quebró el cuerpo, optó por la eutanasia.
Todo era insoportable. Su padre quiso extender ese martirio y ella estaba tan sola en su tormento que prefirió y luchó para dejar este mundo que para ella fue el infierno.
Noelia padecía un Trastorno Límite de Personalidad, TLP. Esa distorsión psíquica complejizó el debate sobre su derecho a morir dignamente. Porque si no estaba en sus cabales, afirmaban quienes se oponían a su eutanasia, no podría elegir su partida hacia el deceso tan buscado.
Pero es que todo era sufrimiento. Una herida psíquica y física. Persistir viva era ahondar la herida.
Y esa asociación ultra religiosa a la que su padre se aferró quiso imponer un mandato moral terrible: sufrir es necesario, sufrir siempre. La bioética devocional no es ética. Es una imposición disfrazada de moral.





