La herejía
del silencio
Vivimos en la era de la palabra obligatoria una vez que el silencio ha sido expulsado del espacio público como si fuera una forma de deslealtad, una sustracción sospechosa al contrato tácito de la visibilidad permanente. En la sociedad hipercomunitaria que describe Byung-Chul Han, la comunicación ya no es un medio: es el fin mismo, la liturgia compulsiva de un mundo que confunde el ruido con la existencia. Quien calla, inquieta. Quien se retira, traiciona.
Han diagnostica la patología de nuestro tiempo: la transparencia total, la exposición sin reservas, la abolición de toda interioridad. El sujeto contemporáneo ha internalizado la lógica del mercado hasta el punto de someterse voluntariamente a su propia vigilancia. Nos convertimos en productores incansables de contenido, en emisores perpetuos de señales que acreditan nuestra presencia en el mundo. La conectividad obligatoria no es una imposición externa: es una servidumbre elegida, una jaula construida con entusiasmo.
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