Una visión y una aventura: el particular vino que hacía Michel Rolland con sus amigos en Mendoza
Podría decirse que fue la visión —y la misión— de un hombre. Cuando Michel Rolland pisó este pedazo de tierra, rodeado por la Cordillera de los Andes, en Tunuyán, no sólo quedó subyugado por la belleza del paisaje. Entendió que ese terroir podía producir vinos de altísima calidad.
Pero él sólo no llegaba. Entonces, convenció a un grupo de amigos franceses para que invirtieran en ese lugar del que no habían escuchado ni hablar. Lo logró. Rolland murió esta madrugada en su casa en Francia. Pero se fue de este mundo sabiendo que esa loca aventura llamada Clos de los Siete lo trascendería.
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