Un paseo en velero por la costa de Necochea, entre postales de playas y lobos marinos
Con su movimiento silencioso, lento pero constante como sugiere su nombre, el velero Adagio traza un surco entre gigantescos buques de carga rumbo a la desembocadura del río Quequén, como un audaz escudero solitario que se arriesga a enfrentar a la flota completa de todo un imperio.
Pero la navegación arranca con viento a favor y nada ni nadie se opone al paso del patrón e instructor Gerardo Winter y su embarcación de 47 pies de eslora (poco más de 14 metros de proa a popa) por el cauce sinuoso de aguas calmas.





