"Saber de todo, entender poco…"
La ideología dominante parece empujarnos a saber de todo y a estar permanentemente hiperinformados. Pero esa aspiración encierra una trampa: lejos de ampliar la comprensión del mundo, muchas veces nos deja apenas rótulos o consignas elementales. El viejo refrán lo advierte con claridad: “El que mucho abarca poco aprieta”.
El hombre padece una creciente dispersión mnémica. Cada vez le resulta más difícil abarcar la infinidad de asuntos, datos e informaciones que le exige la exuberante cultura consumista y del espectáculo. Esta disgregación de la memoria responde, entre otras cosas, a la hiperestimulación mediática, a la feroz competitividad y a la superficialidad que atraviesa la vida contemporánea. La fascinante tecnología -internet, redes, inteligencia artificial- igualmente contribuye a este fenómeno. En este contexto, el tiempo, la memoria y hasta el deseo de profundizar se vuelven escasos. La estrategia más habitual consiste en saber un poco de muchas cosas y reservar la mirada profunda para lo que realmente interesa o para la propia actividad. Sin embargo, la superficialidad tiene un costo: cuanto menos se profundiza, más fácil resulta ser engañado -o autoengañarse-, porque las causas de lo que ocurr…





