La vida de Maduro entre rejas en Nueva York: «¡Yo soy el presidente!»
En Nueva York, en uno de los inviernos más duros que se recuerdan en la costa este de Estados Unidos, la caída de Nicolás Maduro ya no se mide solo en términos de poder, discursos o control territorial. Se mide en unos pocos metros … cuadrados. En una puerta metálica. En una litera fija al muro. En el ruido seco de los cerrojos. Y, según fuentes conocedoras de su situación, en una voz que rompe la noche desde una celda cerrada: «¡Yo soy el presidente de Venezuela! ¡Díganle a mi país que he sido secuestrado, que aquí se nos maltrata!».
La escena no figura en los autos judiciales. No está transcrita en ninguna vista. Pero es el relato que circula en el interior del Centro Metropolitano de Detención de Brooklyn, el MDC, la prisión federal donde Maduro permanece recluido desde el 3 de enero, día de su captura y traslado a Nueva York. Allí, en uno de los complejos penitenciarios más duros del sistema metropolitano, comienza la vida carcelaria de quien durante más de una década monopolizó el poder en Venezuela.
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