Pasó la gira sudamericana: a río revuelto, ganancia de los tenistas argentinos
El extenso año del circuito tiene tres etapas fundamentales para los tenistas argentinos. Nacidos, criados y formados en canchas lentas, es indudable que la gira sudamericana que acaba de terminar, la europea que comenzará en unos 25 días y finalizará en Roland Garros y la que sucederá a Wimbledon en julio y consta de apenas dos semanas pero en la que se jugarán cinco torneos -también en Europa-, siempre están marcadas de un modo especial por aquellos que saben que en el polvo de ladrillo se sienten todavía más cómodos que en el resto de las superficies.
Esas tres porciones de la temporada son clave para sumar puntos y dinero, para acomodarse en el ranking mundial y, en muchos casos, para solventar carreras que recién se inician en el circuito grande. Y está claro también que los tres torneos que acaban de suceder en Buenos Aires, Río de Janeiro y Santiago incluso son aún más especiales por jugarse en casa o, a lo sumo, muy cerca de ella. No es una novedad que todos los tenistas argentinos sufran muchas veces con los largos viajes y las extensas semanas lejos de los afectos, de las costumbres, de la familia y de los amigos. Lo contó Francisco Cerúndolo, el mejor tenista argentino, cuando en su camino al título porteño no se puso colorado al relatar que todos los días dormía en el departamento familiar de Belgrano (aún teniendo el propio a unas pocas cuadras), descansando en su cama de siempre, comiendo comida casera, rodeado de “su” gent…
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