Elvis, un terrorismo celeste
Elvis Presley tenía una voz de terrorismo celeste, de trueno con brillantina. Parecía un cantante, obviamente, pero era más bien una revolución que se peina hacia atrás. Era, y es. A veces nos da la impresión de que no fue un hombre, sino un … temblor colectivo, un dulce accidente, un antes y un después con la guitarra por enmedio. Pero sí, existió. Y cambió el pulso del mundo moviendo apenas la cadera.
No necesita aniversario para ser invocado. Es un mito con micrófono. Pero ahora resucita el que siempre estuvo vivísimo, porque la han hecho un sólido biopic, donde se aúpan mayormente los años setenta, cuando cantaba en Las Vegas. Firma la obra Baz Luhrman, director de 'Moulin Rouge' o 'El gran Gatsby', que siempre ha vivido un embeleso por la galaxia purpurina del ídolo de Memphis. La obra está bien, y Elvis está mejor, entre los documentos inéditos y el reportaje íntimo. Ahí descubrimos lo que ya bien sabíamos. Cada vez que suena 'Heartbreak Hotel', algo primitivo se despierta. Elvis no cantaba canciones. Las electrificaba. Pillaba el blues, lo decoraba de domingo, lo sacaba a bailar y hacía una invención del peligro. Era el chico blanco cuya garganta nació en el sur negro.
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