Gabriela
Ha dejado de llover y al fin los cielos, las luces, los sonidos y el bullicio del Pumarejo le vuelven a recordar a las calles de Boleíta, el barrio del extrarradio de Caracas que la vio crecer y hacerse una mujer. Ha terminado Gabriela la … jornada matinal cuidando a una anciana viuda de San Luis con la que ya mantiene una relación que se aproxima a la de una hija con una madre, y camino de regreso para tomar el autobús en la Ronda decide, de repente, alterar su habitual recorrido de retorno al Polígono de San Pablo. Una especie de impulso, un pálpito, una llamada que le arranca desde no sabe dónde y sin motivo aparente le hace girar a la izquierda y le traslada a los pies mismos de la Macarena. Estuvo ya alguna vez en la basílica recién llegada de América, pero entonces, hace ya años, el dolor y la rabia que acumulaba por haber tenido que dejar su país no permitieron que pudiera mirar…
«No vine nunca a pedirte nada, madre mía, pero esta vez lo voy a hacer. Porque sé que conoces mejor que nadie el sufrimiento por un familiar cautivo, tú que tienes a tu hijo aquí delante con las manos atadas. He escuchado que lo puedes todo. Acuérdate de 'mi nene', por favor, acuérdate de él, que ahora sí parece que puede ser…». La liberación paulatina de presos políticos tras la irrupción estadounidense de enero no ha llegado aún a todos. Su primo hermano sigue entre rejas en Venezuela, aunque el escenario ha variado y ya les han dejado caer que su salida es cuestión de unas semanas que ruega a la Virgen que sean breves. Así podrá terminar de transformar en tiempo de conversión y, sobre todo, de felicidad una Cuaresma con vientos de cambio en su tierra y el anhelo más humano en toda su prole: el de la libertad. Sabe que está en el lugar adecuado. Que lo ha estado durante estos años y …
Seguir leyendo desde la FUENTE →





