El peor momento de la monarquía británica en 400 años: menos mal que la reina Isabel no llegó a ver a su hijo preso por el caso Epstein
La reina Isabel se fue a la tumba con su mantra intacto: “Nunca quejarse, nunca explicar”. Andrés, su hijo favorito, rompió hoy 400 años de historia cuando fue detenido en Wood Farm, una casa del palacio de Sandringham, propiedad del rey Carlos, para explicar inicialmente por qué filtró al pedófilo Jeffrey Epstein documentos de Estado, cuando era enviado de negocios del gobierno británico.
Andrés, quien pasará su 66 cumpleaños bajo custodia, contaba con la confianza absoluta de su madre. La reina, aun enferma, almorzaba o tomaba diariamente el té con su hijo, que vivía a pasos del castillo de Windsor, en el Royal Lodge junto a Fergie, su ex esposa. Ella caminaba con los perros corgis junto a la soberana por los jardines de Frogmore Cottage, frente a la entonces casa del príncipe Harry.
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